lunes, 25 de septiembre de 2017

Mundial de Ironman 70.3, Chattanooga, Tennessee.

Hacía tiempo que no escribía nada en el blog, pero si hay una ocasión que merece retomarlo es ésta, porque participar en un Campeonato del Mundo es una experiencia irrepetible (bueno, a lo mejor no porque me encantaría volver a clasificarme).

Vamos por partes (ya anticipo que esta entrada es larga, pero no es obligatorio leerla…), empecemos por la clasificación. Me clasifiqué en el Ironman 70.3 de Edimburgo (para los no duchos en la materia: un Ironman 70.3 es la mitad de un Ironman “normal”, son 70.3 millas, que en español son 1.900 metros nadando, 90 km en bici y 21,1 km corriendo), el pasado 2 de julio en uno de los últimos (si no el último) eventos que clasificaban para la final de este año (las pruebas sucesivas ya clasificaban para el mundial del año que viene, que es en Sudáfrica; aprovecho para señalar que, así como la final del Campeonato del Mundo de Ironman es todos los años en Hawaii, la de Ironman 70.3 varía cada año).

Es curioso que esta temporada me tomo mucho menos en serio el deporte, no renuncio a planes por entrenar, no cuido tanto mi alimentación (de hecho no tenía el peso de ahora desde hace más de 3 años) y dedico muchas menos horas: en resumen, he racionalizado mi dedicación al deporte. He estado además varios meses muy desmotivado y sin entrenar prácticamente, y es precisamente ahora cuando logro esta clasificación, lo cual es de largo mi mayor logro en estos poco más de 3 años que llevo haciendo triatlón. También es cierto, y entiendo que esto tendrá su influencia, que he pasado de larga distancia (el año pasado sin ir más lejos hice 2 Ironman, el de Austria y el de Mallorca) a la media distancia, y el entreno acumulado imagino que me habrá ayudado cuando he retomado la práctica de este deporte.

Al lío: Edimburgo precioso, la prueba preciosa, pero era la más dura que había hecho… hasta la final de Chattanooga. La natación fue un infierno, la redujeron a la mitad por las adversas condiciones climatológicas, y en 950 metros hice… ¡26 minutos! El agua estaba gélida, la temperatura del aire era de 11 grados, hacía un viento terrible, yo no llevaba ni escarpines ni máscara ni gorro ni nada invernal como llevaban casi todos, me tiré al agua (rolling start, al menos no salíamos todos a la vez) y era imposible sumergir la cabeza, te helabas, las olas te devolvían para atrás, las piraguas de salvamento te golpeaban, antes de la primera boya, los equipos de rescate sacaron a 5 personas chillando desesperadas (y eso de los que iban a mi alrededor)… Me planteé salir y entrar en calor y volver a entrar, incluso nade unas brazadas de nuevo hacia la orilla, pero rápidamente pensé que no iba a solucionar nada, me di la vuelta y tiré para adelante como pude. Quedé en este segmento el 91 de mi categoría (y había muchos más, con ese tiempo en otras pruebas salgo detrás del que recoge las boyas).

Al salir del agua, me puse los manguitos (error, al poco me sobraron), calcetines (error, mejor ponérselos solo para la carrera a pie), zapatos y casco, pillé la bici y entonces empecé a divertirme. Recorrido rompepiernas, constantes repechos, algunos de en torno al 15%, cortos pero muy numerosos. Y al final, subida a la mítica colina Leches-en-vinagre Hill, ya en Edimburgo, para bajarse de la bici con los gemelos cargaditos. 2 horas 48 minutos, 32,2 km/h de media, y no puedo decir los watios porque el potenciómetro no me funcionó. 6º de mi categoría.

Y, para mí (y para mucha más gente) lo que hace de verdad dura una prueba es la carrera a pie. Pues bien, la más dura que había hecho en mi vida (de nuevo, hasta la final de Tennessee): repechos muy duros, otros con no mucha pendiente pero muy largos…  Pocos tramos sin pendiente, imposible mantener un ritmo constante, yo quería bajar de 1 hora y 35 minutos, y en el km 19 vi que necesitaba bajar holgadamente de 4 minutos por km para conseguirlo, pero yo siempre suelo ser capaz de sacar algo al final, lo hice y finalicé en 1:34:29, a un ritmo medio de 4’28” (11º de mi grupo de edad).

Tiempo total: 4:56:38, 10º de mi grupo de edad (y 73º de la general). Sólo había plaza para los 5 primeros, pero como renunciaron 5 antes de mí, tuve el derecho de conseguir mi slot para la final de Chattanooga. Y eso lo descubrí en la propia ceremonia de entrega de premios, y tenía que decidir en 1 minuto si iba o no (tienes que pagar la inscripción en ese mismo momento), y me sobraron 59 segundos… Ya vería cómo se llegaba a Chattanooga (al final bien, porque está a hora y media de Atlanta, a donde hay vuelo directo, y donde además vive mi amigo onubense Alberto, que me acogió la primera y última noche, y hasta me cocinó y todo) y ya vería cómo me organizaba, pero no podía perdérmelo.

Total, que el 6 de septiembre agarré el petate y tiré pa Chattanooga, en el estado de Tennessee, volando a (y pernoctando en) Atlanta, estado de Georgia. El 7 a mediodía ya había que estar en Chattanooha para check-in, charla técnica, ineludible visita a la tienda para comprar cosas de merchandising y otros eventos y ceremonias varios.

Había hasta desfile de países, donde me dejaron llevar unos metros la bandera para sentirme como Rafa Nadal en Río, o el príncipe (ahora rey) en Barcelona. Bueno, igual exagero un poco, pero me gustó mucho, nos dieron camiseta de uniforme (cortesía de Fernando) y a desfilar y presumir de patria y del buen rollo entre los 57 españoles (la vez que más) que nos habíamos clasificado para este mundial.

Los españoles durante el desfile

Hubo tiempo de visitar los alrededores (las Ruby Falls o el Incline Train y un poco las ciudades de Chattanooga y Atlanta, y no se pudo visitar más porque el día posterior a la prueba hizo acto de presencia el huracán Irma; en mi caso tuve que hacer una pequeña excursión extra para pasar por Alabama, y hacerme mi tradicional foto en el cartel con el que cada estado da la bienvenida, quiero coleccionarlos todos), hubo tiempo de entrenar (un pequeño test de bici y una prueba de si podía correr), y hubo tiempo de ver la prueba de las féminas (el sábado día 9).

Digo que tuve que probarme si podía correr, porque arrastraba un problema desde días atrás, cuando estando en Tailandia un día tras salir de correr noté un fuerte dolor de tobillo y se me inflamó hasta parecer más la pantorrilla de Falete que mi fino tobillito de jilguero. Esto fue a finales de agosto, hasta entonces estaba siguiendo un plan diseñado por mi amigo Miguel Ángel Villada (campeón de todo en categoría veteranos) para bajar de 3 horas en el maratón de Sevilla el próximo mes de febrero (yo nunca he corrido un maratón, salvo en los 3 IronMan, pero ningún maratón a secas), y la verdad es que noté una gran mejoría en la carrera a pie. Una pena que se truncara el plan tan cerca de la prueba, no pude correr en 15 días (hasta el mismo día de la carrera) y ahora, tras muchas pruebas médicas, parece ser que lo que tengo es veneno de un bicho marino que, taimado él (taimado: bellaco, astuto, disimulado y pronto en advertirlo todo), osó picarme en la planta del pie el día anterior a que se me hinchara el tobillo (soy consciente de la picadura, me dolió mucho durante varios días y me dejó 3 marcas en forma de vértices de un triángulo equilátero que aún tengo, pero siempre pensé que mi lesión se debía al exceso de entrega de una masajista tailandesa a la que era más fácil saltar que rodear).

Bien, llega el día de la prueba, me levanto a las 5:00, desayuno, preparo los perejiles de última hora y pal río (el resto de cosas ya las había dejado el día anterior, incluidas las zapatillas de correr, porque aunque en la charla técnica dijeron claramente que el día de la carrera tendríamos acceso a las bolsas de transición; menos mal que me dio por preguntar, porque resulta que no, y como no había chanclas de mi talla en la tienda tuve que entregarlas e ir descalzo al coche, rezando porque ningún americano fan de las ribs me pisara y me dejara el pie para liarme un canuto).

Ceremonia de esas que uno ve en las pelis que ponen la piel de gallina (himno, tocado en este caso por una banda country, militares lanzando salvas y portando con orgullo su enseña nacional –envidia sana-, presentación de los profesionales…) y a las 7:30 salen los pros. Tras verlos salir me voy a la zona de mi grupo de edad, que salíamos los siguientes (a las 7:38), me quedo en un discreto segundo plano (yo es que soy muy campechano, como el rey emérito) y en una de las últimas hornadas me tiro al agua (salíamos de 8 en 8 cada 10 segundos o así) y empiezo a nadar.

Y estos del gorrito morado son solo los de mi grupo de edad...

Tranquilo, que esto de nadar no es lo mío. Yo hago al mismo ritmo un sprint que un IronMan, y eso no es porque haga los 3.800 metros del IronMan muy rápido, sino porque hay los 750 del sprint muy lento. En fin, esto es algo que tendré que mejorar, en cualquier caso me veo bien, no me agobio, no fuerzo, tengo la sensación de que voy mejor que nunca, creo que no me adelanta tanta gente como de costumbre y me engaño a mí mismo omitiéndome en mis pensamientos el hecho de que yo salí de los últimos de mi grupo de edad, el siguiente en salir eran los de más de 70 años, y ya los siguientes salieron como 15 minutos después de mí, y veo que incluso de vez en cuando yo adelanto a alguien. El sol da de cara en el lado opuesto del río, por donde hacemos casi 1.000 metros, y sé que me desvío bastante de la línea recta, hasta el punto de dejar alguna boya a babor en vez de a estribor (lo siento, pero en el agua decir “izquierda” o “derecha” está feo, que uno es de Huelva y eso lo lleva en las venas). Me da exactamente igual, me sigo viendo bien, avanzo y avanzo, y justo en la última boya me adelanta uno (el único que yo sepa) de los que salieron 15 minutos después que yo, y en 50 metros me saca 75 (ya sé que parece físicamente imposible, pero ese tipo lo hizo). Salgo del agua, un voluntario me da la mano, otro me quita el velcro, otro me baja la cremallera y otros me gritan pero no me entero de nada. Después me dicen que tenía que hacer la cucaracha para que me quitaran el neopreno. Bueno, me lo quito yo y listos, total medio minuto no va a ir a ningún lado (craso error, el de ese pensamiento mío, como descubrí más adelante).

Miro el reloj y… ¡40 minutos! Eso sí, 2.154 metros… ¡Pero si yo lo he llegado a hacer en 34 minutos! Pensaba sinceramente hacer 36 o así, pero con lo bien que me vi, no descartaba incluso mejorarlo. Después me enteré de que había corriente en contra, dijeron que cerrarían una presa cercana para minimizarla, pero no la eliminaron del todo, y en general la gente fue más lenta de su nivel (entonces el tipo que me adelantó sería el hermano bueno de Michael Phelps…). Hice el 349 de mi categoría (de unos 500), y 1907 de la general (de casi 3.000).

Le doy la bolsa con neopreno, gafas y gorro a un voluntario, pillo la bici y empiezo mi segmento fuerte. El circuito, muy bonito, pero duro donde los haya. Los primeros 30 kilómetros en constante subida, con un desnivel de más de 1.000 metros, y un puerto entre los km 2 y 10 todo el rato a en torno al 10%, con rampas del 15%. En ese km 30 llevaba una potencia normalizada de unos 270 watios, a partir de ahí empezó a decrecer porque el terreno se volvió más favorable, aunque las cuestas eran constantes.

Me llamó la atención una cosa: había mucha gente que literalmente volaba (por muy rápido que yo fuera, me pasaban como rayos, y a veces mientras uno me pasaba otro le pasaba a él) pero en general vi mucha gente de nivel similar o inferior al mío. Yo pensaba que me había clasificado para este campeonato mundial “por la puerta de atrás” pero no, hay muchas pruebas en muchos lugares donde se puede uno clasificar con mi nivel.

Terminé la bici en 2:35:56, a una velocidad media de 34,8 km/h, y una NP de 245 (potencia media general de 220 watios). 106 de mi categoría y 747 de la general. Está muy bien, aunque reconozco que se me hizo un poco larga (confieso que hace ya unos meses que decidí que el deporte no iba a condicionar mi día a día, y en agosto he cogido la bici la friolera de un día, y desde Edimburgo he entrenado transiciones un total de cero días). Ya sabía que más larga se me haría la carrera a pie…

Dejo la bici (bueno, un tipo me la quita y se la lleva), me pongo los calcetines, las zapatillas, la visera (gafas no pude porque no me dejaron acceder a la bolsa esa mañana) y a correr. Me duele la pierna pero a los 3 km el dolor desaparece (normal, en cuanto me “calenté”). Mi objetivo era bajar de 4’30” de media por km, para así bajar de 1:35 en la media maratón, y por ende bajar de 5 horas en el cómputo total.

Empiezo bien, pero pronto me doy cuenta de que el perfil que había visto en el dibujito plasmaba fielmente lo que se iba presentando delante de mí: todo el rato subiendo o bajando, algunas rampas muy duras, otras muy largas, y ningún tramo llano. Ninguno. Cero.

Los primeros km sí mantengo la media, y me marco un reto de esos absurdos que a mí me gustan: ningún km por encima de 4´59”. Y lo consigo, aunque en dos ocasiones tuve que hacer sprints absurdos que lo único que hicieron fue cansarme, y que probablemente quien me viera pensara que soy tonto del capirote, esprintando absurdamente a finales del km X, para en cuanto el reloj hace “piii” volver a bajar el ritmo. Pero en fin, lo conseguí, aunque por poco (4:59 en el km 16). A medida que avanzaba la prueba iba viendo que ni de coña bajaría de 1:35, pero me consolaba el objetivo principal: bajar de 5 horas. A falta de 5 km vi peligrar también esta marca, y a falta de 2 me percaté de que tenía que bajar de 4 minutos cada km, y entonces traté de sacar ese plus que siempre me queda y que ha hecho mis finales mundialmente famosos, pero no había nada de dónde rascar. Nada de nada. Cero. 4’27” y 4’06” los últimos 2 km, para una media maratón de 1:37:35. 157 de mi grupo de edad y 843 de la general.

Parando el relojito, qué coraje...
El tiempo total fue de 5:00:38 (ahora hubiera agradecido los segundos ganados si me hubieran quitado el neopreno, o de si hubiera sabido qué tenía que hacer con la primera bolsa de transición): 175 de mi grupo de edad (objetivo conseguido: top 50%) y 983 de la general (objetivo conseguido: entre los 1.000 primeros). 3º de 7 españoles en mi grupo de edad, y 1º de 1 de Huelva.
Por cierto, que ganó Javi Gómez Noya.

Dos leyendas del triatlón


"Está bien celebrar el éxito, pero es más importante prestar atención a las lecciones del fracaso". Bill Gates.

Gratia ago, factotum.

miércoles, 17 de febrero de 2016

¿Tienes pubalgia? Ponte brackets…

Ésta es una de las posibles conclusiones que se pueden sacar de mi experiencia en estos tratamientos previos de mi lesión. Otra es que uno puede recabar distintas opiniones, pero después tiene que decidirse por una opción, y ser consecuente con su decisión.

Resumiendo el intervalo que ha transcurrido entre mi lesión y el día de hoy, podemos decir que el día 19 de diciembre me lesiono en un partido de fútbol, que no reduzco mi actividad física (sobre todo correr) como debiera, que veo que no mejoro, a mediados de enero voy al traumatólogo, me manda una resonancia y me da el diagnóstico de pubalgia.

¿Qué es la pubalgia? Viene muy bien explicado en Wikipedia (no podría ser de otra forma: https://es.wikipedia.org/wiki/Pubalgia) y en mi caso afecta al aductor de la pierna izquierda, con afectación ósea en el punto donde se inserta el músculo en el hueso. Es una lesión muy típica de deportistas, y más concretamente de futbolistas (estaba claro, dichoso fútbol…).

Ya me han advertido muchas veces que si compaginas deportes de fuerza velocidad con deportes de resistencia sufres el riesgo de lesionarte. Los movimientos constantes y repetitivos que estoy acostumbrado a entrenar (nadando, pedaleando o corriendo) no se parecen en nada el “latigazo” de un chute al balón. Y más si no has calentado y estirado bien antes…

Pero bueno, dejemos de lamentarnos, ya está uno lesionado, y sólo espera que la recuperación sea rápida. Y entonces viene la noticia: me dice el traumatólogo que me olvide de hacer el triatlón de Sevilla (un olímpico sin drafting que hay el 2 de abril, primero de la temporada peninsular) y que al Ironman de Klagenfurt llego (es a finales de junio) pero que no tendré tiempo de prepararlo con condiciones (esto es obvio, estamos a menos de 5 meses y no puedo correr ni salir con la bici). Me deja hacer bici estática (ni siquiera rodillo) y natación (no a braza, por el movimiento de las piernas). Y pesas en el gimnasio, claro.

Mi fisio de confianza y amigo Ángel me está tratando la lesión desde el principio, y cuando conoce el diagnóstico me pide paciencia pero no es tan pesimista como el traumatólogo.

Un amiguete del club me dice entonces que vaya a ver a su fisio, muy prestigioso y acostumbrado a tratar con futbolistas, y por lo tanto con mucha experiencia en pubalgias. Voy a verle (se lo digo a Ángel, que no piense que le soy infiel) y salgo de allí con un diagnóstico que para nada esperaba: tengo maloclusión (ya tenemos el palabro del día; maloclusión: mal alineamiento de los dientes, es decir, que los dientes de arriba no encajan a la perfección con los dientes de abajo), y esto según me dice afecta al equilibrio, hace que inconscientemente fuerce la mordida, esto hace que incline levemente el cuerpo hacia adelante, esto a su vez provoca que fuerce ciertos músculos de la zona del pubis, y esto me hace proclive a este tipo de lesiones. Me dice que hay que tratarla y curarla, y que después vaya al dentista…

Lo cierto es que el tipo me preguntó si había tenido ciertos problemas relacionados con esto, y salvo dolores de cabeza, el resto de cosas sí que las había sufrido, lo que me hizo pensar que la boca efectivamente podía ser el origen de mis males. Además, bicheando por Internet me encuentro esto: http://madriddental.es/la-odontologia-deportiva-cobra-importancia/

Ojo dentro de este artículo a esta noticia:

Dada es la importancia que está cobrando la odontología deportiva que una mala salud dental, impidió el traspaso millonario de un futbolista. El Milán se echó atrás en su acuerdo por quince millones de euros con el Oporto por el fichaje Aly Ciossokho, tras someterlo a la revisión médica previa a la firma y descubrir una malformación dental, un problema de maloclusión, donde los dientes del maxilar superior e inferior no encajan como debieran al cerrar la boca, lo que podría acarrearle problemas físicos más graves que afectarían directamente a su rendimiento. Los especialistas consideran que esto puede acarrear en el jugador consecuencias de naturaleza ósea y muscular sobre la columna vertebral y pubalgia fruto de una mala postura corporal.

Que es la maloclusión
Diferentes tipos de maloclusión

Total, que comparto esta información con mi gente cercana, pero recibo diferentes inputs que me dan que pensar:

·         Un porcentaje muy alto de la población tiene maloclusión.
·         El cerebro humano se acostumbra, el mío lleva 41 años sobreviviendo con una maloclusión, y tratar ahora de “forzar” un cambio en mi “core” puede ser perjudicial.
·         Llevar tratamiento paralelo con dos fisios (Ángel, el de confianza, y el nuevo que me ha detectado la maloclusión) no tiene ningún sentido.
·         Soy muy viejo para llevar brackets (bueno, ahora hay unos que van por dentro, que no se notan).
·         ¡Melón, deja ya de jugar al fútbol!
·         Y una cosa muy importante, las abdominales. Tener el core fuerte previene este tipo de dolencias. Y esto es algo a lo que nunca he prestado especial importancia.


Conclusión: conozco a mi fisio y sobre todo él me conoce a mí, me he lesionado porque he jugado al fútbol y porque la acumulación de años haciéndolo me convierte en proclive a este tipo de lesiones, no existen remedios mágicos, lo que necesito es paciencia y tratarme la lesión como merece, con unas manos expertas que llevan años haciendo esto, y la pubalgia no es algo que se descubriera ayer.


La frase no soluciona nada pero es un pensamiento que todos hemos tenido alguna vez: “¿Quién decide cuando los médicos no están de acuerdo?” (Alexander Pope, poeta inglés del siglo XVIII).

viernes, 12 de febrero de 2016

Ahora sí: dejo el fútbol

El pasado 19 de diciembre se disputó en el campo de Foresta de Tres Cantos un partido de fútbol 7 del que siempre guardaré recuerdo: fue el primer partido de padres contra hijos de Carlos, me produjo una lesión que ahora pasaré a relatar, y a la postre fue el partido que supuso mi retirada definitiva de los campos.

El fatídico día echamos un partido contra los "Gladiadores Rojos" (el nombre de guerra del Unión Deportiva Tres Cantos), los padres de los chavales contra nuestros hijos. Tengo que decir que les dimos una soberana paliza (tienen 12 años, nos queda poco de ganarles a nada), aún corro más que ellos y tengo que decir que el hecho de que uno entrene con intensidad y practique deportes de resistencia, le hace estar en buena forma y un partido de fútbol de hora y media no llega apenas a cansarle.

Pero, eso sí, el fútbol es un deporte totalmente antagónico al triatlón. Los movimientos del primero son explosivos y discontinuos, los del segundo son mucho más suaves y muy prolongados en el tiempo. Si a eso lo unimos que uno nunca presta la atención que requieren a los estiramientos, no es de extrañar que aproximadamente a la hora de empezar comenzara a notar molestias en el aductor izquierdo, molestias que por otra parte no impidieron que siguiera jugando el partido hasta el final, en un claro ejemplo de contumacia absoluta (contumacia: tenacidad y dureza en mantener un error; aunque este no es el palabro de este post, porque ya lo incluí en el pasado).

Las molestias me recordaban a una lesión similar del pasado (nada más empezar en el triatlón, y debida a otro partido de fútbol), pero como realmente la molestia no era suficiente como para impedirme correr, 3 días después me hice unas series de cuestas. Las molestias no cesaban y el 31 decidí correr la San Silvestre, ya que había conseguido clasificarme para la Internacional, acreditando una marca de 37:30 en el Derbi de las Aficiones.

Me flanquean Iván, con la camiseta del Rayo, y Miguel Rojo
El Derbi de las Aficiones (carrera de 10 km que va desde el Bernabéu hasta el Calderón, con pendiente negativa, que se celebró el 15 de noviembre de 2015) era mi única y última oportunidad para clasificarme para la San Silvestre Internacional (hay que hacer menos de 38 minutos en alguna carrera de una lista de homologadas); lo intenté en la Carrera de la Ciencia, pero reventé en el km 4. Me puse de acuerdo con Miguel para ir los dos juntos e ir ganando 2-3 segundos por km, y juntos salimos y juntos entramos en meta. ¡Gracias Miguel! Iván se nos fue en el km 2, y lo vimos alejarse poco a poco hasta intuirle entrar en meta 40 segundos antes que nosotros. Pedazo de marca.

Pues bien, esta carrera me permitió situarme en la línea de salida de la San Silvestre Internacional el 31 de diciembre, a las 20:00 (sí, muy tarde teniendo en cuenta el día que es, pero es que no empieza hasta que no está totalmente finiquitada la popular). Me hacía tanta ilusión participar, que aun teniendo molestias decidía correrla. Nunca he corrido la San Silvestre (de hecho nunca había pasado fin de año en Madrid hasta ahora), y debutar a lo grande era algo que no quería perderme.

Me puse de acuerdo con Juanma para dejar un coche cerca de la meta (el estadio de Vallecas) y otro cerca de la salida (el estadio Santiago Bernebéu). Llegamos a la zona de salida un buen rato antes, y la verdad es que uno se siente como un profesional. Eso sí, uno note que en este caso todos los rivales están a un nivel muy superior al del resto de carreras...

Este año, por primera vez, además de los que nos clasificamos por marca (unos 500, en cuyas camisetas ponía "Internacional" en la espalda), Nike invitó a los 2.000 usuarios de su app que más km hicieron durante un período de tiempo (en su camiseta ponía "Runner"). Los "internacionales" nos colocábamos delante en la salida.


Buen ambiente en la salida
 La carrera bien, fuimos Juanma y yo juntos todo el rato (al final me fui un pelín alante), y no conseguí mi objetivo por los pelos (quería bajar de 39 minutos, e hice 39:04). La pierna, sin llegar a dolerme, me molestó bastante. Pero fuen una experiencia espectacular, sobre todo la entrada al estadio, como si de un maratoniano en unos Juegos Olímpicos se tratara.



No contento con esto, el domingo 10 de enero se disputa en Tres Cantos la tradicional carrera anual de 15 km. Claro, siendo en mi pueblo, no me la puedo perder. A pesar de que la pierna sigue molestando, y de que desde el 19 de diciembre solo hice la serie en cuestas antes mencionada y la San Silvestre, decido participar. Llevo el objetivo de bajar de 1 hora, y me quedo cerca (1:01), bien teniendo en cuenta que no entreno y que estoy lesionado. Pero aquí sí son mayores las molestias al terminar.

Así que la semana siguiente ya voy al médico (hasta entonces me había limitado a mis visitas periódicas al fisio), me hago una resonancia y se confirma el diagnóstico: pubalgia. Lesión típica de futbolistas. Empieza entonces un periplo a la caza del diagnóstico y tratamiento perfecto, que relataré en el siguiente post.

Lo que tengo claro es que no vuelvo a darle una patada a nada redondo en mi vida. El fútbol, ese deporte ineluctable (éste sí es el palabro; ineluctable:dicho de una cosa: contra la cual no puede lucharse).

La frase: "No pretendas apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación" (Confucio).

lunes, 9 de noviembre de 2015

Triatlón Olímpico de Mazagón (Huelva). Otro podio.

El fin de semana de 31 de octubre – 1 de noviembre se celebraba en Huelva el último triatlón de la temporada en España. Yo participaba el sábado 31 en la modalidad Olímpico sin Drafting (es decir, que no se puede “chupar rueda” con la bici). La distancia era un poco particular, redondeando fueron 1.500 metros de natación, 38 km de bici y algo menos de 12 km corriendo. Hace tiempo decidí con mi familia participar en esta prueba porque como era el 12º cumple de Carlos, aprovechábamos y lo celebraba en Huelva con sus amigos de Punta. Al final, por no sabemos qué movida pre-adolescente, decidió que no quería celebrarlo allí, y el mismo día 2 lunes (que no tenían cole) nos volvimos por la mañana a Madrid para que lo celebrara aquí.

Total, que el viernes 30 salen los niños del cole a las 17:00 y nos vamos a Huelva. Llegamos para cenar algo, preparar la casa y a dormir. Menos mal que la salida el sábado era a las 10:30, y tenía hasta las 9:30 para recoger el dorsal. Llegué a las 9:29, y me dejaron claro que un minuto más tarde habrían cerrado y me habría quedado fuera…

Llovía más que cuando enterraron a Bigotes (http://www.abc.es/archivo/20141023/abci-zafra-maldicion-lluvia-201410221432.html) y era imposible poner las pegatinas a bici y casco. Lo conseguí de forma chapucera y me fui a la salida. Dejó de llover una media hora, y ya no paró en toda la prueba.

Antes de la salida

Se salía desde dentro del agua, nos metimos y mientras una jueza, de regular humor, trataba de dar instrucciones, nos íbamos colocando alineados hasta que dieron la salida. No había mucha gente (menos de 300) así que no se iba muy agobiado. Además, me coloqué a un lado, por donde pensaba que la trazada era más corta, y fui un poco apartado de la mayoría de nadadores. Salí del agua en 25:07, en el puesto 48 (no está nada mal para mí).

Había que correr un buen rato por la playa hasta pillar la bici. Nada más empezar a pedalear, me di cuenta de que estaba lloviendo, y mucho. Pero no tenía frío. Empecé a pasar gente pero poco a poco, no es como las pruebas de 1.000 tipos, aquí había mucha menos gente a la que adelantar. Iba a buen ritmo, el circuito consistía en alejarse 19 km de la costa, dar la vuelta y volver. No era peligroso (menos mal, porque la carretera estaba empapada) y no había nada de público (salvo en los alrededores de la zona de transición). Yo pensaba que eran dos vueltas hasta que, viendo los km que llevábamos, le pregunté a otro ciclista y me sacó de dudas.

Sólo me adelantaron 3 atletas, que realmente no me adelantaron sino que nos pasamos unos a otros varias veces. Diré que a la zona de transición llegué yo por delante. Y me llevé una gratísima sorpresa: no había apenas bicis, lo cual quería decir que iba de los primeros. De hecho, el que llegaba detrás de mí gritó algo así como “¡venga que no hay bicis!”, y yo dije “¡eso es que vamos bien!”, me puse las zapatillas todo lo rápido que pude y salí por delante de esos 3 que llegaron justo detrás de mí. Luego comprobé que había hecho el segundo mejor segmento de bicicleta de todos los participantes, con una media de 37,2 km/h.

Poniéndome las zapatillas, solo se ve mi bici

Es la primera vez que soy consciente durante una prueba de que lucho por los primeros puestos. En Rumanía quedé segundo pero no tuve ni idea hasta que, pasada la meta, mi amigo Dani me dijo que lo habían contado por megafonía. En este caso no sabía exactamente en qué puesto iba, ni de la general ni de mi categoría, pero tenía claro que entre los 20 primeros de la general, y luchando por podio en veteranos (y eso que en esta prueba todos los veteranos estábamos agrupados en la misma categoría).

En la parte a pie estábamos mezclados con los participantes en la distancia medio-ironman, que daban 4 vueltas al mismo circuito al que nosotros dábamos 2. Es chulo correr sabiendo que estás peleando por la cabeza, y traté de ir rápido pero no reventar. Marcaba cada km a poco más de 4 minutos, variando un poco el tramo de subida que había justo antes de girar en cada vuelta, y donde te ponían la gomilla en la mano.

No me adelantó nadie, y yo pasé a muchos del medio-ironman, y a alguno de mi distancia. Durante la segunda vuelta ya me di cuenta de que no tenía a nadie del olímpico a distancia alcanzable, pero si escuchaba que uno se me iba acercando, pero muy poco a poco. Me pilló, y cuando se puso a mi lado me dije que no dejaría que se me fuera. Yo tengo buen final, y creo que podré dejarle en el último km si le aguanto. Nunca había tenido que pensar en estrategias de este tipo, pero quedaban unos 5 km para terminar y sabía que ese tipo podía quitarme el podio. Al alcanzarme me preguntó sobre la distancia en la que corría (para ver si éramos rivales), y efectivamente ambos competíamos en distancia olímpica. Le pregunté su grupo de edad y me dijo “cadete, tengo 15 años”. Me giré para mirarlo y vi a un chavalito, poco mayor que mi hijo, y le dije que a ver si con 41 como tenía yo seguía en forma. Estaba claro que en mi grupo de edad no competía, pero aun así me pequé a él, vi que bajó el ritmo (se conoce que tuvo que apretar para alcanzar y se desfondó un poco) así que me volví a poner por delante pero subiendo 5-10 segundos el ritmo por km. Sabía que por delante no podía alcanzar a nadie así que mi único rival era este chaval. Cuando quedaban algo menos de 2 km apreté y se quedó, estos dos últimos km los hice por debajo de 4 minutos y entré en meta sin nadie por delante a la vista. La media final me salió de 4:02 minutos por km, la décima mejor.

Nada más entrar vi muy poca gente en la zona, claramente había quedado muy bien. No caí en darme el masaje (en ese momento no había cola), y me fui a saludar a mi familia y a la zona de catering (el mejor catering que he visto en un triatlón con diferencia).



Nos estaban esperando mis suegros con un cocido, pero para desgracia de mi familia teníamos que esperar a que salieran las clasificaciones. Tras más o menos una hora esperando, pregunté a una jueza, que me contestó muy borde: “saldrán cuando las revisemos”. Le pregunté si me podía dar una idea de si hablábamos de 10 minutos o de 2 horas, y me dijo con la mirada torva (torvo: dicho especialmente de la mirada: fiera, espantosa, airada y terrible a la vista) que “nosotros somos los primeros que queremos sacarlas”. Vamos, que no me aclaró nada. Estaba lloviendo, estábamos con los niños, nuestra amiga María se tenía que ir (el pobre Javi la abandonó al principio de la prueba con problemas de salud, y se volvía con nosotros), mis suegros esperaban… Total, que Elena le preguntó a otro juez, que fue igual de borde. No entiendo por qué, la verdad.

Dejaron entrar a los niños en la zona de catering, así que al menos estuvieron “chucheando”, y además estuve un rato hablando con mi ex cuñado Celso, al que llevaba muchos años sin ver y con el que me crucé durante la prueba. El tiempo pasaba y decidí ir a dejar la bici en el coche para después salir más rápido, y cuando estaba volviendo me llama Pablo desde el teléfono de Elena, y me dice que he quedado décimo de la general y segundo de mi categoría, y que la entrega de premios es a las 15:00. Llego con la familia, y están contentos por mí pero contrariados por el cocido. Llamo a mi suegro para decir que llegaremos tarde, se alegra mucho y me dice que presentía que “rascaría chapa”. Así que esperamos a las 15:00, y unos minutos después me dan mi trofeíto, y encantado para casa, a comer el merecido cocido que nos tenía preparado mi suegra.

El podio

Con la familia... y el trofeo

El que está a mi lado desde luego no es veterano, supongo que estaría recogiendo el premio en nombre del que ganó en nuestra categoría. En cualquier caso, estoy contento y veo que puedo rascar algún que otro podio en esto del triatlón, y cada vez tengo más claro que tengo que intentar mejorar la natación. El que me ganó hizo peor que yo la bici y la carrera a pie, pero me sacó más de 4 minutos en el agua.

La clasificación

Una frase de deportista orgulloso de sí mismo: “Muchos creen que tener talento es una suerte; nadie que la suerte pueda ser cuestión de talento” (Jacinto Benavente, dramaturgo español, Premio Nobel de Literatura en 1922).

viernes, 30 de octubre de 2015

6 pruebas 6

Hace tiempo que no escribo y se van acumulando las participaciones en pruebas de todo tipo, así que aquí van 6 crónicas seguidas: 2 triatlones, 2 carreras populares y 2 travesías (que realmente fue una, pero que hice 2 veces).


Triatlón Sprint Sertri Madrid, 19 de septiembre de 2015

El año pasado quedé sexto en esta prueba (ver crónica en este mismo blog), por lo que este año iba pensando que, si iba la misma gente que el año pasado, debería rozar el cajón… Me levanto tempranito, y voy a la Casa de Campo. No me acompaña la familia ni va nadie del club, así que solo como los locos.
La natación, como siempre, ni fu ni fa, 14:14, y lo que sí vi es que me pasaba menos gente que en otras ocasiones. La bici 43:47, a una media de 31,8, y lo cierto es que fui todo el rato pasando gente, eso sí, sin pillar una suela rueda en las 3 vueltas a la Casa de Campo. Y la carrera a pie 18:38, pero el GPS me midió solo 4,56 km.

Por la Casa de Campo
La verdad es que esperaba que me hubiera salido mejor, no me vi del todo bien, y al final quedé en el puesto 10 de mi grupo de edad. Marqué un tiempo total de 1:21:38, y el año pasado hice 1:21:11. Ya sé que no tiene por qué ser comparable por muchos factores, pero supongo que el circuito sería el mismo, así que no fue para tirar cohetes.

Como el año pasado la camiseta de la M me quedaba como un camisón, este año pedí una S, y parezco Britney Spears. También la tengo que regalar esta vez…


Campeonato de Madrid Contrarreloj por Equipos de Triatlón Sprint, 20 de septiembre de 2015

Al día siguiente al Sertri repito, pero la verdad es que no me encuentro mal, cualquier sábado normal habría hecho más ejercicio que este sábado.

Es la primera vez que hago un triatlón por equipos, y desde hace tiempo pensaba que lo podía pasar mal en el agua, como así fue.

El equipo del FST lo formábamos, por orden alfabético, Arturo, Cristóbal, Iván, Javi Huidobro, Tomás Mingo y yo.

Había varios equipos del FST: 1 de chicas y 4 de chicos. Nosotros salíamos los últimos. Ya les dije a mis compañeros que no me veía capacitado para ir demasiado rápido en el agua. Arturo me decía que sí, que tirarían de mí. Empezamos un poco fuerte (aunque no demasiado, todo hay que decirlo) y peté. Las gafas se me empañaban, el neopreno me apretaba, las pulsaciones se me disparaban y empecé a hiperventilar. Tuve que avisar 2-3 veces a mis compañeros, que armados de paciencia me insuflaban ánimos, pero tuve que hacer un par de tramos de pie (menos mal que en muchos puntos de la casa de campo apenas cubre), dando pasitos rápidos sobre el fondo del lago. Un desastre, vamos. Los 5 se vuelcan conmigo, no puedo rendirme tan pronto, hago lo que puedo y salimos del agua, yo con los ojos contristados (contristado: que manifiesta tristeza o aflicción), 14 minutos y 47 segundos después de haber entrado. Bueno, hemos perdido por mi culpa, sin duda, pero no tanto. Si me hubieran dejado, y yo hubiera perdido más de 30 segundos con respecto a ellos (cosa que sin duda habría pasado), me habrían descalificado.

Hacemos la transición (unos más rápido que otros) y pillamos las bicis. Arturo va sobrado, y yo intento darlo todo y tirar lo que puedo, para compensar mi desastre en el agua. Está claro que no somos expertos en contrarreloj (lo hemos preparado un día) y no constituimos un ejemplo de coordinación. A veces alguno se iba para adelante, otras veces alguno se quedaba atrás… pero siempre tratábamos de reagruparnos hasta que finalmente completamos las 3 vueltas los 6 juntos, con un tiempo de 42:14, a una media de 33 km/h.

No era el momento donde íbamos más alineados
Nueva transición, nueva diferencia de efectividad en la misma, y a correr. Arturo de nuevo sobrado, Iván se va para adelante, pero tenemos que ser 4 (el tiempo lo marca el cuarto que cruza la meta). Nos quedamos Arturo, Cristóbal y yo (en la parte a pie, ya sí que no importa que se queda alguno, ya todos terminamos), ya no podemos perder a nadie porque somos 4 justos. A Cristóbal al final le entro una pequeña pájara pero aguantó estoicamente y terminamos en 18:30, para un tiempo total de 1:20:49.


Entrando en meta

El tiempo oficial fue de un minuto más, porque Javi y Cristóbal se tiraron a calentar en la parte posterior del pantalán de salida, y esto no estaba permitido. Fueron increpados y sancionados por su osadía. Quedamos los 19 de 41 de “los buenos”, habríamos quedado los 17 sin la sanción.

Grandes tipos

Carrera Popular La Zaporra, 12 de octubre de 2015

Mi querido amigo Luis Vega me dijo que quería que hiciéramos alguna carrerita, él duró poco en el triatlón (aunque volverá) pero sigue corriendo. Nos apuntamos los dos a esta carrera en San Sebastián de los Reyes, pero el día antes Luis se puso malo y me dejó solo. Ya que estaba apuntado, decidí ir.

Hace tiempo que tenía la ilusión de bajar de 40 minutos en un 10 km llano (solo lo conseguí hace unos años en el Derbi de las Aficiones, que va del Bernabéu al Calderón, y la mayoría es cuesta abajo, donde hice 39:49). No tenía ni idea del perfil de ésta, pero esperaba que fuera llana. Nada más lejos de la realidad: 4 vueltas a un circuito de 2,5 km, todo subiendo o bajando, y con una rampa final de unos 400 metros al 10% de pendiente. No parecía la mejor prueba para hacer marca.
Estaba Alejandro Santamaría (quedó segundo en el Ironman de Vitoria este año, estuve un rato entonces corriendo junto a él, cuando me dobló), vive por la zona y se apuntó, aunque era una carrera “de barrio” con muy pocos participantes. Eso sí, muy bien organizada y se veía que con mucha ilusión.

La salida la dio un tipo con un “preparados, listos, ya!!!”, y empezamos a correr. Me mantuve muy cerca de los primeros todo el rato, siempre iba por debajo de 4 minutos el km, salvo un km que me pilló entero cuesta arriba, e hice 4:08. Me iba dando cuenta de que iba muy bien, y al final marqué un tiempo de 37:08, mi record con diferencia.

Tiempos por km

A decir verdad, el GPS me marcó solo 9,54 km, es cierto que las carreras con varios giros de 180 grados suelen dar menos metros que la realidad, pero no sé si tantos… Me quedo en cualquier caso con mi marca, y me vengo arriba porque me acababa de enterar de que uno se clasifica para la San Silvestre Internacional si hace menos de 38 minutos en una carrera de una lista, esta de la Zaporra no está en la lista, pero seguro que encuentro una sin pendiente o con pendiente negativa, más fáciles que esta que he hecho en cualquier caso.

Por cierto, que no sé cómo quedé porque no han salido las clasificaciones por ningún sitio, pero eso sí, cuando llegué a meta no había prácticamente nadie.


Cerrera de la Ciencia, 18 de octubre de 2015

Vi que esta estaba en la lista de las que clasifican para la San Silvestre Internacional, el perfil no era nada favorable (bajada por Serrano, Castellana todo para arriba, y un par de toboganes para terminar), pero como hice 37:08 en una con un perfil muy complicado, pensaba que en esta podría conseguir mi marca.

Empecé fuerte, poco por encima de 3:30 (perfil cuesta abajo), aguanté a este ritmo 5 km… y peté. Los km 6 y 7 los hice por encima de 4:20 (eran cuesta arriba, eso sí) y luego mejoré un poquito, pero desde el bajón ya vi que no bajaba de 38 minutos ni de coña.

Al final hice 39:40, puesto 120 de más de 6.000. Tras consultar el calendario, veo que tengo otra oportunidad para bajar de 38 minutos: el Derbi de las Aficiones, que correré con la camiseta de mi Atleti, y en la que espero conseguir la ansiada marca.


Por cierto, que la Carrera de la Ciencia es famosa porque todos los años dan una camiseta de manga larga muy chula. Este año, negra con cuello alto.


Oceanman Benidorm, 25 de octubre de 2015

Tras mucho meditarlo, me apunto a una travesía de verdad. Nos llevan a una isla en medio del Mediterráneo, nos tiran del barco, y nos hacen rodearla y llegar nadando a Benidorm. Angustia infinita… 5,5 km por el agua…
Voy en AVE la víspera con JAR, nos recoge un chófer en la estación del AVE y nos lleva al hotel en Benidorm. El resto de compañeros del FST ya está allí, repartidos en un par de apartamentos. Salimos a cenar pasta y después a tomar algo, más quizás de lo que debería ser antes de una prueba, pero bueno, no es muy prueba, solo quiero acabar sin agobiarme (y sin ahogarme), y creo que ir un poco “despistado” puede ser hasta positivo para tirarme al agua.

No dan desayuno en el hotel hasta las 8:00, como tengo que salir antes, me desayuno dos barritas de cereales que llevaba con un poco de agua del grifo (la habitación tenía mueble-bar, cosa que comprobé, pero no comprobé el contenido: estaba vacío). A las 8:45 salía el barco que nos llevaba a la lista, llegamos a la playa un buen rato antes, nos vamos echando vaselina, poniendo neoprenos… 

Con JAR. Al fondo se ve la Isla de Benidorm
Anuncian entonces por megafonía que la prueba se acorta debido al mal estado de la mar, de 5,5 a 3,8 km, suprimiéndose la vuelta a la isla. Es decir, nos dejan en la isla, y volvemos a Benidorm, sin rodearla. Me parece una mala noticia, primero porque la mar está revuelta, y segundo porque, ya puestos, quería probarme en una distancia superior, ésta ya la he hecho varias veces.

Me tomo un par de biodraminas para evitar mareos nadando por las olas, y nos metemos  en el barco. En unos minutos llegamos a la salida, esperamos a que pasen los de 10 km (que se habían quedado en 7,5, también evitaban la vuelta la isla), nos tiramos al agua desde el barco y esperamos en el agua al pistoletazo inicial. Entonces me doy cuenta de que no veo nada con mis gafas, me agobio, Dave las prueba, me dice que es cierto, que he debido impregnarlas con vaselina (cierto, me la eché sin guantes, y después froté los cristales de las gafas para extender saliva para evitar que se empañen) y me ofrece nadar con las suyas. Le digo que no 2 veces, pera ante su insistencia acepto, la verdad es que me hace un gran favor, me quito un motivo de agobio.

La salida

Dan la salida y empezamos a nadar, no hay mucha gente por lo que no hay golpes, adelantamientos violentos, ahogadillas… Se ve tierra firme desde el principio, pero durante la primera mitad de la prueba, cada vez que miraba, me parecía estar a la misma distancia. Al final llegué a meta en 1 hora y 4 minutos, sin haber tenido que parar ni un momento y sin haber tenido que nadar a braza ni nada similar. Estoy contento. Eso sí, casi todos los del club estaban ya en meta…

Tras entrar en meta

La gente se viene arriba y se empieza a hablar de participar en la popular, que es de 1,5 km (en teoría, en realidad eran 1,8 km), y como da tiempo antes del arroz que tenemos reservado, me animo, voy al hotel, me ducho, hago el check-out y vuelvo a la playa. Los ánimos se habían tranquilizado, la gente se había desperdigado, y sólo Dave y yo repetimos, y participamos en la travesía popular con Marta y Judith, que estaban inscritas a esta prueba. Por eso cuento esta prueba como dos.

Saluda de la travesía popular

Más lenta (porque parte se hace con la corriente en contra, al contrario que en la anterior), termino en 34:39, la disfruto, y entonces sí que doy por concluida mi sesión de natación.
Voy a ducharme a los vestuarios que habían habilitado, pero no se podía ni entrar, y mira que me he hecho mucho más “tolerante” con mis escrúpulos. Pero eso era asqueroso. Me fui al puerto y pedí que me dejaran darme un manguerazo en los pantalanes donde se endulzan los barcos. Me dejaron, pero si me hubieran puesto pegas hubiera pedido si hace falta un pantalán de cortesía, como si fuera en barco, antes de ducharme en ese infierno. Duchita, arrocito meloso muy rico en un garito junto al mar, y vuelta para casa.

La frase: "El talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad" (Johann Wolfgang Goethe, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán).

viernes, 11 de septiembre de 2015

Mi primer (¿y último?) Podio: Triatlón de Mamaia 2015.

Mi gran amigo Dani Prieto lleva casi 10 años viviendo en Bucarest, y lleva casi 10 años diciéndome que a ver si voy a verle. Yo llevo casi 10 años diciéndole que “de este año no pasa, seguro”. Y han pasado casi 10 años para que le visite. Y ha tenido que ser gracias al triatlón, al final hemos tenido que cuadrar un triatlón por su zona para que ya me termine de animar, y el viaje ha merecido la pena. El triatlón en cuestión ha sido el Triathlon Challenge de Mamaia, perteneciente al circuito ETU (Mamaia es una zona de playa muy cerca de Constanza, tipo Puerto Banús).

Llevo varias semanas dándole el coñazo con el tema de la bici, con el tema de la inscripción (he recibido varios mails en perfecto rumano donde no sabía si me decían que la prueba cambiaba de fecha o si me iban a regalar unos calcetines en la bolsa del corredor), con el tema del equipaje (he volado con Ryanair, y a pesar de que pagué maleta extra no llegué a tener claro hasta el final que eso implicaba poder llevar esa maleta además de la de mano), con la logística en general… Dani es un gran tipo y todo eso lo ha llevado sin el más mínimo problema, y lo tenía todo controlado. Por ponerle un pero, a pesar de que sabía que iba a ir a verle desde hace varios meses, esperó a última hora para reservar el hotel, y no nos quedó otra que compartir una romántica habitación con cama de matrimonio, en la que no había ni persiana ni nada que se le pareciera, y en la que a partir de las 5:30 se podía diseccionar una hormiga sin necesidad de luz artificial.

Pillé un vuelo el viernes por la tarde, llegué a Bucarest por la tarde-noche y de allí a Mamaia hay unas dos horas y media. Algo más tardamos porque paramos en una gasolinera a comernos una ensalada de pasta que Dani llevaba ya preparada. Dani ya llevaba la bici en el maletero, y equipaje por si hacíamos noche en Mamaia (era una posibilidad, aunque la idea que tenía más forma era la de volvernos a Bucarest después del triatlón).

La bici era una corrientucha, pero suficiente para hacer 40 km, Venía con pedales, y menos mal que en el stand de Shimano junto a la salida del triatlón tenían herramientas para quitarlos y ponerles los que yo llevaba (que son en los que encajan mis zapatillas, claro). Me veía como el más globero del mundo pedaleando con las zapatillas de correr encima de unos pedales estándar…

Dejamos la bici en su sitio, nos hacemos unas fotos, Dani se encuentra con gente conocida… y mientras hacemos tiempo (mi salida era a las 12:00) nos vamos a la playa (Mamaia es como una lengua de tierra de unos pocos cientos de metros de ancho; por un lado era el triatlón, en una franja de agua que daba a tierra firma, y por el otro estaba el océano). Descansamos en unas tumbonas (en ese momento me da infinita pereza cualquier cosa), nos damos un bañito, y como 40 minutos antes de mi salida nado 5 minutillos para tratar de espabilarme.

Con Dani, con la zona de transición detrás.

Vamos a la zona donde empieza la prueba, y entro en el agua (la salida era desde dentro), y ahí espero escuchando la megafonía, en perfecto rumano, pero entendiendo yo que estaban animando a la peña y avisando de lo que quedaba para salir. Entonces todo el mundo empieza a emitir monosílabos al unísono y yo, que soy un tipo espabilado, deduzco que es la cuenta atrás. Suena un bocinazo y la peña empieza a nadar. Yo me había situado a la derecha del todo, para que nadie me molestara, y esperé unos segundos antes de empezar a nadar, para evitar los continuos golpes habituales del principio de estas pruebas. Además, curiosamente todo el mundo se había situado a la izquierda, y yo, infeliz de mí, pensaba que era quien mejor se había situado para virar la primera boya dejándola a babor (soy hombre de mar, las palabras “boya” e “izquierda” no pueden ir en la misma frase).

Me acordé de Andreu, que me decía que “no puedes ir a un triatlón sin reconocer el circuito”. Qué razón tiene. Yo no sabía nada de nada, ni siquiera que en este caso las boyas había que dejarlas a estribor. Me di cuenta de que no era el más listo sino al revés cuando, unos 50 metros antes de llegar a la primera boya, reparé en que todos la dejaban al lado contrario al que yo pretendía dejarla, por lo que tuve que hacer un giro de prácticamente 90 grados (y unos cuantos metros de más) para meterme en la trayectoria correcta.

Mis dos vueltas no se parecieron mucho...

Sin más complicaciones completo las dos vueltas al circuito en 27 minutos, me salen 1.612 metros, a 1:42 cada 100 metros (sin neopreno, para mí es buena marca).

Salgo corriendo a por la bici y escucho a Dani animar, también a los amigos suyos que nos encontramos un rato antes. Pillo mi bici alquilada, y empiezo a apretar. Me acuerdo de que Dani me dijo que la rueda delantera la había puesto él y que no sabía si estaba muy apretada. También caigo en la cuenta de que no he movido ni un ajuste (ni el sillín, ni nada de nada), pero bueno, ya pedaleé un minutito al llevarla a la zona de transición y parecía todo en orden.

Saliendo del agua.

El circuito era totalmente llano, 7 vueltas de algo menos de 6 km cada uno, con dos giros de 180 grados de ésos que te hacen casi parar (muchos sacaban incluso las zapatillas de los pedales por si tenían que poner pie a tierra). La ida era en ligera pendiente hacia arriba (1-2%) y la vuelta igual pero hacia abajo. Las 4 primeras vueltas las completo a más de 36 km/h, entonces se levanta un poco de viento y bajo a 35,6 de media final, para un tiempo de 1 hora y 9 minutos. Cada vuelta Dani me animaba y disparaba fotos con mi móvil. Gran supporter, Dani. Acabo contento, veo que he pasado a mucha gente, y que me ha pasado muy poca, y cuendo dejo la bici observo que hay muy pocas bicis en la T2 (síntoma evidente de que la mayoría de la gente va por detrás de mí). Además, no me siento excesivamente cansado.

Tras uno de los giros de 180 grados.

Siempre hago alguna cagada en mis triatlones, y éste no iba a ser menos. Pegué un gel y una gominola energética al cuadro de la bici con cinta adhesiva de pintor, y cuando me quise comer la gominola, no salía fácil, entonces pegué un tirón para arrancar la cinta adhesiva y casi me caigo de boca del brusquísimo frenazo que pegó la bici. Resulta que ese cablecito gris alrededor del cual pasé la cinta adhesiva, como por mano del demonio, activa el freno de la bici, por lo que al yo pegar el tirón el efecto fue el mismo que si hubiera apretado fuertemente la maneta del freno. La parte positiva es que he aprendido una lección básica de mecánica.

Dejo la bici y enfilo la interminable zona de transición (fácil, 500 metros) para empezar el circuito a pie, que consta de 4 vueltas de 2,5 km. Aproximadamente a la mitad, un tipo con una manguera y unas chicas repartiendo vasitos de agua. Fundamentales, porque de repente empieza a hacer muuuuucho calor (más de 31 grados) y no había nada de sombra en todo el recorrido.

Mucho calor en la carrera a pie.

Dani se había trasladado al circuito a pie para seguir dándome ánimos, y la segunda vez que paso por delante suya me pregunta que qué tal voy y le digo que regular, que el sol me está machacando. Quería hacer cada km a un ritmo de en torno a 4:05 y no estaba siendo capaz, aunque no por mucho. Veo que casi nadie me adelanta (creo que en la parte a pie sólo me adelantó un atleta) y que yo sí paso a bastantes. De hecho, en la recta final adelanté a un tal Ghica con el que me estuve pasando varias veces en la bici hasta que se me fue por delante.  Al final me salen 43:48, pero en 10,5 km (incluyo la transición), a una media de 4:11. Tiempo total: 2:24:42. Cuando entraba en meta el speaker gritó mucho, y yo sólo entendía la palabra “español” y mi nombre (tal y como puede pronunciar un rumano “José María Azcárate”).

Al poco de entrar yo entra Ghica, me felicita en inglés y me pregunta mi edad, cosa que me extraña bastante. Le digo que 41 y me pregunta que cómo he quedado, y le digo que no tengo ni idea, tampoco termino de entender la pregunta en ese momento. Entonces veo a Dani en la cinta que separa la zona de meta (a la que sólo pueden acceder los corredores) del resto del mundo, y me grita que he quedado segundo. Me lo tomo a cachondeo, pero ante su insistencia me lo empiezo a creer. El speaker había dicho algo así como que “seguro que para el atleta español José María Azcárate ha merecido la pena venir a Rumanía porque ha quedado segundo de su categoría”. Resultó ser cierto, segundo en mi categoría y 13 en la general (aunque en su web aparecemos cambiados el amigo Ghica y yo, tanto en puestos como en tiempos, ahora entiendo por qué me hacía esas preguntas; no sé si se lo tomó como un oprobio -oprobio: ignominia, afrenta, deshonra-  y tuvo que ver algo en el baile de la clasificación, pero oficialmente yo fui segundo, subí al segundo cajón del podio y segundo pone en mi trofeo y en mi diploma).

Total, que aunque pensábamos volvernos a Bucarest, tuvimos que hacer tiempo hasta las 20:30 para asistir a la ceremonia de entrega de premios, que uno no sabe si va a verse alguna otra vez en esta situación. Cuando llegué me di cuenta de que me había dejado la camiseta del FST en el coche (la verdad es que llevaba varias copitas en lo alto, que uno había estado celebrando) y me tuve que pegar una carrera suicida para pillarla y llegar de nuevo a la zona del podio, a la que llegué justo cuando mencionaban mi nombre. Pero no podía subir allí sin mi camiseta del Fitness Sports Triatlón, con sus banderitas de España y de Huelva.

Qué bien me sienta el podio.

Una experiencia inolvidable en todos los aspectos. Gracias, Dani, eres de esos tipos que uno tiene la sensación (más que la sensación, la certeza) de que va a ser un buen amigo para siempre.

A pesar de mi éxito, la frase de este post, en honor a Dani, y para compensarle por el coñazo que ha supuesto para él mi triatlón, va sobre la amistad: "El verdadero amigo es aquél que está a tu lado cuando preferiría estar en otra parte" (Len Wein, historietista norteamericano). Dani, se te quiere.

martes, 14 de julio de 2015

Triatlón Full (IronMan) de Vitoria. Por fin...

Por fin llegó el día, queda lejano aquél 26 de octubre en el que, tras un parón recomendado de 15 días, salí a correr por Tres Cantos pensando ya en el IronMan de Vitoria del 12 de julio de 2015. A los 6 km tuve que llamar a Elena para que fuera a buscarme, porque la rodilla no me aguantaba (después deduje que tras 15 días sin hacer nada había perdido la musculatura del cuádriceps y por eso la rodilla sufrió más de lo debido). Atrás queda el día, allá por marzo, en que durmiendo se me salió el hombro y me hizo dudar sobre si podría seguir adelante. Atrás quedan 422 sesiones de entrenamiento, muchísimos madrugones para nadar o correr antes de entrar a trabajar, muchísimas comidas rápidas para dedicar el tiempo de comer a entrenar, muchísimos fines de semana desapareciendo de casa a primera hora y llegando casi a la hora de comer tras más de 100 km de bicicleta, alguna discusión en casa (aunque no me puedo quejar ni mucho menos en este aspecto) y muchas, muchas horas para estar con uno mismo. Pensaba que esto se me iba a hacer duro pero creo que no me ha venido mal porque estas horas corriendo, nadando o pedaleando en soledad sirven tanto para tratar de desconectar como para darle vueltas al coco, según te interese.

También es cierto que muchas de estas horas las he echado en el gimnasio de casa, donde he aprovechado para engullir alguna serie como "Dexter" o "Ray Donovan" (recomiendo ambas), y alguna más "fácil de ver" como "Cómo Conocí a Vuestra Madre" (bah, regular, demasiado absurda) o "Dos Hombres y Medio" (buenísima).

Llega el viernes y nos vamos a Vitoria Elena, Carlos, Pablo y yo. Se vienen Dani (que es quien ha provocado que yo me apunte a un IronMan año y pico después de empezar a hacer triatlón) con Ruth, Silvia e Iker (a estos 4 los veremos ya el sábado) que son unas clásicos entre nuestros "groupies" (groupie: en el sentido estricto de la palabra, es una persona que busca intimidad emocional y sexual con un músico famoso. Nota del autor: en este caso, no es aplicable el sentido estricto de la palabra), pero es que además nos acompañan mi hermana Roncesvalles con mi cuñado Juan (lo cual me ha hecho muchísima ilusión pero es que además me han sido de infinita utilidad, para empezar el viernes me recogieron el dorsal porque yo no llegaba a tiempo) y el sábado se incorporaron nuestros amigos Sylvia y Luis. ¡Qué alegría, cuántos fans!

El viernes fuimos a cenar a un japo, y el sábado por la mañana quedé con Luis Herrero (que también andaba por allí con la familia porque hacía el Half) y un par de amigos suyos a rodar 50 minutos con la bici. Después desayuné con la familia y nos fuimos al pantano de Landa, donde los niños hacían un acuatlón. Y esto de verdad que es un recuerdo que tendré siempre, fue tan gracioso verles competir (cada uno en su edad y su distancia, pero básicamente tenían que correr, después nadar, y después correr de nuevo, con sus correspondientes transiciones para quitarse las cosas de correr y ponerse las de nadar, y viceversa). Primero participó Pablo y luego Carlos, ambos lo hicieron muy bien, y si en algo pueden mejorar es en las transiciones…

Con mis dos finishers

Nos fuimos a comer al Club de Golf Larrabea (éramos 17 contando a los niños) y de allí a la T1 a dejar la primera bolsa y la bicicleta, a la T2 a dejar las cosas de correr, y entre paseo y paseo se nos hizo la hora de cenar (un clásico en las vísperas de los triatlones: un italiano). A la cama tempranito que al día siguiente salía a las 5:30 el autobús de los participantes (a las 6:40 el de acompañantes).

Previendo que iba a dormir mal, me tomé, además del Lexatil recetado hace ya varios meses, dos pastillas de melatonina en vez de una (tomo una a diario), más una lámina de melatonina con menta (más suave pero de efecto más inmediato). Me desperté a las 2 y me tomé otra lámina. En el autobús iba zombi…

Otra cosa que me hizo mucha ilusión es que Elena y los niños llegaron a la salida (y eso a pesar de un incidente con el despertador, otro con las gafas de Pablo…).

Antes de la salida

Vamos entonces a comentar la prueba. Se da la salida a la natación con un poco de retraso, pasadas las 8:30. Como la previsión indicaba que no iba a salir el sol hasta entrada la tarde, decidí salir con gafas no polarizadas e incluso cambié a última hora las de la bici (que son las mismas que uso para correr) para usar unas con cristales transparentes.

Como en la salida del Half vi que desde que sonó la bocina hasta que los últimos consiguieron llegar al agua pasaron 2-3 minutos, y eran 1.000 como nosotros, en el último momento cambié de estrategia y decidí que, en lugar de salir el último para evitar mi angustia en el agua, me iba a intentar situar por la mitad. Craso error. Para empezar, cuando estaba colocado me di cuenta de que tendría 200 tipos por delante, y unos 800 por detrás, así que de la mitad nada. Suena la bocina, avanzo, me tiro al agua, y empieza uno de los peores momentos de mi vida, de verdad. Recibo golpes de todos lados, no puedo sacar los brazos para nadar sin golpear yo a otros, trato de frenar y me pasan por encima, trato de acelerar y no me dejan los de alante... Comienzo a hiperventilar y el corazón se me pone a mil. Trato de salirme hacia la derecha para acercarme a los jueces que iban en piragua pero imposible desplazarse lateralmente. Cada vez que miraba para atrás veía una marabunta de gorros rojos y brazos acercándose hacia mí, y recibía varios golpes. Pensaba que quería retirarme, pero había dos factores que me lo impedían: uno era físico, y es que me era imposible acercarme a los jueces, trataba de chillar pero ni eso podía hacer; y el otro era mental, y es que no podía hacer eso con la cantidad de gente que había pendiente de mí, los que me fueron a ver a Vitoria y los muchos que me mandaron ánimos las horas antes (muchos de los cuales yo ni sabía que estaban al corriente de "mis peripecias"), por no hablar de lo que es mandar al traste 9 meses de entrenamiento cuando no llevaba ni 5 minutos de competición.

Esto es empezando la segunda vuelta

Cuando por fin pasan estos minutos iniciales, y con toda la angustia, la hiperventilación y las pulsaciones a mil, pero ya sin 800 nadadores queriendo pasarme por encima, me acuerdo de lo que me dijo mi cuñado Juan, de coña, cuando el día anterior le comentaba lo que me preocupaba pasarlo mal en el agua. "Te haces el muerto un rato y verás cómo se te pasa", me dijo. Pues lo hice, me puse boca arriba, no moví ni un músculo, esperé unos 20 segundos y vi que podía seguir. Y lo cierto es que el resto de la prueba, hasta completar los más de 4.200 metros que me salieron (traté de ir evitando el camino más corto para no volver a sufrir los mismos avatares) los hice a la perfección, sin dejar ni un segundo de bracear, a un ritmo decente y sin angustiarme. Por poner una pega, el sol salió nada más empezar a nadar, eché en falta mis gafas polarizadas pero pensé que más echaría en falta las gafas de sol en la bici, si es que no se nublaba; que no se nubló, y digo yo, que he estudiado meteorología por temas náuticos, dicen que la previsión meteorológica con más de 72 horas de antelación es poco fiable, pero yo es que la comprobé una hora antes de la salida...). Terminé la natación en 1 hora y 16 minutos, a un ritmo de 1:48 cada 100 metros, lo cual para mí es bastante aceptable. Quería haber bajado de 1:15, así que teniendo en cuenta que nadé más de 400 metros extra y el tiempo que perdí al principio, el resultado fue más que correcto.

Voy a la T1, escucho los ánimos de mi gente, voy a buscar mi bolsa, me quito el neopreno, me siento en el suelo, me seco los pies como puedo porque se me olvidó dejar una toallita en esta bolsa, me pongo manguitos, guantes, calcetines y zapatos, el casco y las gafas con cristales transparentes. Voy corriendo a por la bici, justo antes de comenzar el circuito vuelvo a ver a mi familia animando, me subo a la bici y empiezo a pedalear. He tardado menos de 6 minutos en esta transición (me decían que tardaría 10, me propuse tardar menos de 7).

En la T1, yendo a por la bici

El segmento ciclista constaba de dos vueltas de 70 km y una de 40 km. Decían que el circuito no era llano pero sí rápido. Todo verdad. Constantes sube-baja pero en los que daba la sensación de que lo que se ganaba bajando compensaba lo que se perdía subiendo. El sol se mantuvo durante todo el día (como atestiguan las marcas en mi espalda) y durante la primera vuelta apenas sopló el viento, lo que me permitió completarla con una media de entre 34 y 35 km/h. Después se levantó el viento y la media inevitablemente bajó, para quedarse tras los 180 km en 32,5 km/h.

El circuito tenía tramos muy bonitos y cuando se pasaba por pueblos la gente animaba mucho. En el primer avituallamiento de cada vuelta estaba Javier Osés de voluntario con su mujer, y además de darme bebida, me daban muchísimos ánimos. Me llamó la atención una pancarta gigante en Larrea: "Vuestro hobby, nuestra ruina". He mirado en Internet pero no he encontrado información, me gustaría saber por qué en Larrea están en contra de este triatlón, entiendo que sus motivos tendrán.

Al completar el segmento de bicicleta (lo hice en 5 horas y 34 minutos) te recoge la bici un voluntario en la T2.1, y se va uno corriendo unos 100 metros a la T2.2 donde están las bolsas (en este intervalo, veo a mi familia, me paro a darle un beso a Elena que se lo merece, ha puesto sus pegas en el pasado pero este día está volcada, y los niños igual), dejo el casco, me quito los manguitos (que llevaba ya varias horas remangados, pero que me vinieron muy bien los primeros km de la bici), me pongo las zapatillas de correr y la visera y salgo de la carpa, encontrándome de nuevo a mi familia. Les digo que la próxima vez que me los cruce me den las gafas correr de sol (ya pregunté antes si esto estaba permitido).

A punto de soltar la bici

Sé que ahora empieza lo duro, y trato de mentalizarme de que hay que ir kilómetro a kilómetro. El primer km bajo de 5 minutos y me increpo a mí mismo ("no fuerces, afloja que queda mucho") pero no me debo infundir mucha autoridad a mí mismo porque los dos siguientes también bajo de 5. Me propongo no volver a hacerlo salvo en el último km si me quedan fuerzas.

Me extraña no haber visto a Dani, daba por sentado que habría salido del agua bastante antes que yo, pensaba que si había hecho la bici que pretendía podría mantenerse delante de mí, pero pasados unos km de carrera a pie debería haberle visto o saber de él. Al final resultó que tuvo problemas en el agua y salió por detrás, por eso no le alcancé en la bici, y encima en el km 12 del maratón se tuvo que retirar por problemas en el estómago, el principal motivo de abandono en los IronMan… ¡Ánimo, Dani, que tú ya has hecho 2… y los que te quedan!

Al final de la primera vuelta (eran 4 vueltas de 10,5 km) paso por donde mi familia y amigos (que están degustando unos pintxos en el gran Sagartoki) y Carlos se pone a correr a mi lado para darme las gafas de sol y quedarse con las que llevo. Poco después adelanto al gran Rafa Morán, que se ha marcado una bicicleta de época. Y al comenzar la segunda vuelta se me pone al lado un muy buen tipo, un chaval de 25 años de Guadalajara, Luis Sangregorio "Sangre", que me dice que si al ritmo que llevamos (algo por debajo de 5:30) vamos bien hasta el final, y le digo que por mí sí, y empezamos a recorrer km juntos.

Haciendo el cambio de gafas

Mantenemos muy bien los ritmos (salvo por la parada en el km 22 para echar una meadita) y esperaba el famoso muro de los 30 (o de los 25, que es cuando muchos dicen que llega en el caso de los maratones en los IronMan). Como me insistió Andreu, en cada avituallamiento pillaba agua, me echaba parte por encima y me bebía otro tanto. El estómago me molestaba por lo que minimicé el consumo de geles. E hice una de mis típicas cagadas ("globeradas", como dice Dani). Y mira que Andreu me insistió en que "no pruebes nada el día de la prueba, que no hayas visto ya antes cómo te va", pero es que con el calor que hacía, la sed que tenía… y una amable voluntaria en un avituallamiento me ofrece una Coca Cola. Se me antojó, qué rica, una Coca Cola fresquita. Pues no me cayó bien al estómago, no. Pero bueno, nada grave, por suerte.

Completando la segunda vuelta me encuentro animando como locas a dos compis del club, Yolanda (que ha participado en el Half, y con mucho éxito, por cierto) y Nieves, que había ido a Vitoria de acompañante. ¡Qué ilusión me hizo!

Comentando la jugada con "Sangre"

Justo al final de esta vuelta Elena se pone a correr conmigo, falda remangada, para contarme lo que le ha pasado al pobre Dani. Como ella misma decía, parecía una gitana pidiéndome algo…

Dame aaaarrrrrgo

Y ya justo antes de pasar por meta por segunda vez (la de cosas que pasaron en estos minutos) me adelanta la bici que acompaña al primer clasificado, pero como además esa zona es muy estrecha y "ratonera", la bici me tuvo que pasar con bastante antelación, por lo que pasó al menos un minuto entre que me pasó la bici y me pasó el líder (porque además reconozco que yo aceleré). Era la zona más concurrida del circuito y mucha gente pensó que el líder era yo, ya he vivido mi minuto de gloria...

"Sangre" se quedó al rato porque tuvo que parar a que le echaran réflex, me lo crucé un par de veces y nos dimos ánimos, pero no le vi en la meta, me hubiera gustado darle un abrazo, estuvimos casi 2 horas corriendo juntos y charlando a ratitos.

Por las calles de Vitoria

El ritmo bajó inevitablemente pero no percibí ningún descenso exagerado del rendimiento (ni muro de los 30, ni de los 25…) pero sí que cada vez que costaba más mover las piernas. De pulsaciones iba bien (todo el rato a unas 133), de cabeza también, pero las piernas cada vez costaba más moverlas. Al terminar la tercera vuelta grité a mi familia: "hago la vuelta que me queda en una hora y lo consigo" (lo que quería conseguir era bajar de 11 horas; ya dije que si todo salía perfecto podría acercarme a las 10:30, pero eso significaba que no hubiera hecho viento en la bici ni tanto calor en la carrera a pie, por no hablar del tiempo perdido en el agua). Daba gusto pasar por al lado de Elena, Carlos, Pablo, Roncesvalles, Juan, Sylvia, Luis, Silvia, Iker, Naia, Luismi, Ruth y al final el propio Dani, ¡cómo se volcaban dando ánimos!

La última vuelta se me hizo muy larga, pero cada vez que pasaba por un sitio me decía: "la última vez que paso por aquí", y eso me daba ánimos. Había un avituallamiento en el km 9 (es decir, siendo la última vuelta era el km 41) en el que al agacharme para mojar la visera en la piscina de agua (había varias por todo el recorrido, de esas infantiles) me mareé. Nunca me he desmayado por el esfuerzo e intuía que estaba lejos de que me sucediera, pero precisamente como nunca me había pasado no sé si es algo repentino, o se ve venir… El caso es que me asusté moderadamente ante la posibilidad de que me pasara algo a un kilómtero de meta. Pero debió ser el típico mareo de cuando uno se agacha demasiado rápido, porque en cuanto empecé a correr de nuevo se me pasó.

Conseguí completar la maratón en 3 horas 48 minutos, y sobre todo sin haber dejado de correr ni un instante (propósito que tenía desde el principio; sí andaba unos segundos mientras bebía agua porque si no me la echaba toda encima y me entraba peor) y a una media de 5:35 el km, bastante decente.

Cuando entraba en meta estaba muy contento, llevaba muchos meses esperando ese momento, y no tenía pensado nada de cómo entrar o celebrarlo, lo que me salió fue quitarme las gafas y la visera y saludar sonriendo. Oí a mi familia pero no los vi. Estaba prohibido que los familiares entraran en meta con los participantes (de hecho creo que es una prohibición de la Federación), así que los niños no pudieron acompañarme.


Entrando en meta, en un tiempo de 10 horas y 48 minutos

Al pasar por meta me dieron mi medalla y mi polo de finisher, me fui al avituallamiento y me bebí de un trago una lata de Coca Cola (ahora sí), agua, fruta… y me fui a que me dieran un masaje. Mano de Santo, oiga. Aunque cada vez que me trataban de pegar el talón a la nuca veía las estrellas. Estando en el masaje vinieron Elena y los niños con mi hermana y mi cuñado, y, tras hacernos las fotos pertinentes, los varones nos fuimos a por las bolsas y la bicicleta. Tengo que decir que la organización, espectacular. Se siente uno como un profesional compitiendo en la élite. Y la actitud, atención y simpatía de los centenares de voluntarios, insuperable.

Con la familia al rato de entrar en meta
Tiempo final: 10 horas 48 minutos, puesto 217 de la general (había 1.000 inscritos en la distancia Full) y 42 de mi grupo de edad (había unos 250). Quedar en el top 25% en una prueba de este tipo me parece un éxito, estoy contento.

Ya me han preguntado varios si es más o menos duro de lo que pensaba. Y mi respuesta es sencilla: es muy, muy, muy duro... justo como pensaba.

Han pasado dos días y apenas me duele nada. Sólo la espalda, por lo poco acertado de la previsión meteorológica...

Ojo a la línea roja de la parte que quedó al aire en la bici

Hay mucha gente a la que tengo que dedicar mi más sinceros agradecimientos, y como siempre uno se arriesga a dejarse a gente fuera. Por supuesto y en primer lugar a Elena, que es quien me ha sufrido. He tratado de minimizar el impacto en la familia, pero no siempre ha sido posible. Elena, te prometo que si en 2016 me dejas hacer Lanzarote, en 2017 nos hacemos El Rocío entero. Y por extensión a Carlos y Pablo, que han visto mermadas horas de fútbol y otros juegos con su padre (aunque por otra parte he tratado de compensar). El resto de mi familia también ha visto reducido el por otra parte gozoso tiempo de mi compañía, a ellos también tengo que extender mi agradecimiento, especialmente para Roncesvalles y Juan que encima se han venido a Vitoria. También a mi pobre madre, que a pesar de que nunca lo ha visto claro me ha apoyado siempre. A los que se han preocupado porque mi cuerpo aguante sobre todo a Ángel, de ALG Fisio, José María Villalón y Johnny Corroto, compañero de club y médico-triatleta, que son los mejores. Por supuesto a Andreu Alfonso, que me ha preparado y aconsejado para llegar aquí, a pesar de que dice que soy muy "demanding" (y lo que te queda, Andreu…). A todos los compañeros del club Fitness Sports Triatlón, me gustaría nombrarlos a todos pero es imposible, así que menciono a los dos con quienes más horas de entrenamiento he compartido: Luis Vega (que lleva tiempo sin ir pero volverá) y Rak, que me ha dado ánimos hasta el final y me ha acompañado en varias clases de spinning, abd, series de running… También a Hugo, que ha compartido muchas horas de entrenamiento y consejos conmigo. A Luis de nuevo por acompañarme a Vitoria con Sylvia y las niñas, y animar tanto. A Silvia e Iker que además de acompañar y animar, nos ayudan con los niños y juegan con ellos. También han animado mucho en Vitoria Naia y Luismi. Por supuesto a Dani, que es "culpable" de que yo haya hecho Vitoria este año; de no ser por él, no sé si habría llegado a hacer esta distancia, pero en cualquier caso con toda probabilidad no en 2015. A Fran, con quien empecé a practicar triatlón por probar una experiencia nueva hacer 2 veranos. Y a todos los que me han mandado mensajes de ánimo, me han preguntado, me han felicitado... Me siento afortunado por rodearme de la gente de la que me rodeo.

Voy a poner una frase típica de IronMan, me permito el tópico: "el dolor es temporal, pero el orgullo es para siempre".